El ser querido: de la seducción a la caída del padre
- Sergio Domínguez Cañestro
- hace 5 días
- 7 min de lectura
Análisis con spoiler. Recomendación ver película antes de leer.

¿De qué trata realmente la película?
El ser querido empieza con un encuentro en una escena larguísima entre un hombre de cierta edad y una joven, que hace mucho que no se ven. La propuesta es mostrar la máxima naturalidad posible, cercanía a los personajes, en los primeros planos y en la manera de hablar. Existe una expresión de ambigüedad, que se mueve entre cierta seducción pero que genera dudas. Unas dudas que se disuelven al final de la secuencia cuando ella revela que se trata de su padre, entonces hay un impacto en el espectador que o bien confirma la revelación o por otro lado resignifica lo que acaba de pasar.
Y es que se podría decir varias cosas sobre de que va realmente la película, pero desde una perspectiva psicoanalítica la película trata sobre lo que es un Padre, sobre lo que representa, cómo puede ser amado desde la admiración, pero también desde la ambigüedad y el rechazo más absoluto.
Esteban es un reputado director de cine abandonó a su hija Emilia y se desentendió de ella. Nadie mejor que Javier Bardem para mostrar lo que es un padre seductor, que impacta en una hija que tiene necesidad de su reconocimiento pero que al mismo tiempo nos hace desconfiar de él. De una faceta oculta, violenta, feroz y tiránica. Un padre al que deseamos amar a pesar de todo pero que en la sociedad contemporánea ha perdido su aura, y genera rechazo, sus métodos son lo de otro tiempo.
Del mito a la caída
El carácter de mito, de leyenda, del halo de admiración a pesar de todo, se manifiesta en las dudas de su hija de estar a la altura y en las conversaciones con el resto de una parte del equipo, en la escena de una habitación, donde cuenta sus hazañas de juventud con cierta nostalgia y respeto absoluto por alguien que llega incluso a utilizar a violencia en sus rodajes.
Pero el director no profundiza en la violencia, simplemente la sugiere, la deja entrever en el discurso de quien fuera testimonio, pero al mismo tiempo para no dejarlo claro la envuelve en la nebulosa de la siempre frágil memoria y es contrarrestada por las respuestas contundente del personaje. Las miradas y las caras de los personajes femeninos muestran la incomodidad absoluta, la contención y la reprobación de la violencia contenida del Urvater, padre de la horda primitiva que tenía acceso de todos los goces, según Freud. Y es curioso, porque si bien en el mito propuesto por Freud, son los hijos los que se enfrentan al padre, en El ser querido, son las mujeres, y no todas, las que muestran resistencia al que se pretende por encima de ley, todos menos él.
Y es que ya lo predijo Lacan en el siglo pasado que hay una deflación del padre y habló de una pluralización del padre aunque el problema está en que su función está sustituida por los objetos del mercado. Ninguna nostalgia hay que tener sobre el padre tiránico perdido pero el problema es que la respuesta es la desorientación y la búsqueda de objetos que hace emerger a un sujeto hipermoderno perdido en su desorientación.

Metacine
Sorogoyen muestra con maestría el cambio de época en su propuesta de cine dentro del cine. Es sabido por muchos y está escrito y dicho por muchos profesionales del cine, que un rodaje es algo que funciona con una rígida jerarquía, donde el director es el máximo exponente. En el cine hay una división social del trabajo muy clara donde trabajan multitud de personas que todas saben que tienen que hacer y están sometida a una férrea jerarquía. La idea del creador máximo que tiene que realizar una obra, que es suya contra viento y marea está muy presente pero el rodaje de una película está expuesto a multitud de accidentes y el tiempo más que nunca es dinero. Además, aún existe la idea en relación, especialmente, con los actores y actrices que llevarlos al límite por un ser genial y extraordinario puede dar los resultados esperados.
Eso es lo que ocurre la que es una de las mejores escenas de la película que viene precedida de una transformación. Durante buena parte de la película la relación Esteban y Emilia, padre e hija, se mueve entre el deseo o necesidad de Esteban de ayudar a su hija para seguramente expiar su culpa por abandonarla y ciertos titubeos de Emilia sobre que posición ocupa en relación a su padre y al resto de compañeros. Entonces hay un momento donde Emilia le exige a Esteban que no la trate como su hija sino como una actriz más. Entonces parece salir el Esteban temido, el artista tirano, que tiene el saber absoluto del arte y que no está dispuesta a compartirlo con nadie. El director llega al set de rodaje, violento, rabioso, manifestado su potencial de violencia y sus excesos. Disconforme con la filmación de la escena, la emprende contra los actores y exige repetir una y otra vez la grabación, primero porque no come bien un actor, luego porque el cámara comete errores, luego porque la tensión hace que los actores se equivoquen e incluso se rían. Entonces sale de su tienda y con su presencia imponente se muestra ante ellos como si fuera el único al que realmente le importa el trabajo, guardián de su obra, nadie se enfrenta a él solo tímidamente Emilia, que acaba siendo humillada por Esteban; ya no eres mi hija eres una actriz que no sabes hacer tu trabajo y yo te mostraré cómo se hace. Y eso parece ocurrir, después de múltiples repeticiones, de varias humillaciones, intimidaciones… Emilia acaba la escena temblando y se intuye en el rostro del padre cierto atisbo de sonrisa o cierta satisfacción. Ambigüedad máxima de la que no se sabe si es por un goce perverso del padre herido o bien porque al final con sus métodos tiránicos consigue lo que desea.
Y está escena lo cambia todo, la directora de fotografía abandona el rodaje con su equipo, algunos le son fieles, quién sabe si por temor o sumisión. Pero la resistencia una vez más se expresa en una mujer. Los tiempos están cambiando habrá consecuencias, pero el +1 no está por encima, puede representar la ley simbólica pero no es la ley, es la representación de la ley. Las grietas en el discurso emergen. Aunque está claro que no es fácil luchar contra el padre tiránico, pues siempre hay alguien dispuesto a sustituir a los rebeldes y encumbrar al padre de nuevo. Y es que estamos en un momento en que el padre de la horda primitiva sigue más vigente que nunca en nuestra sociedad incierta y frágil.

Interpretaciones
Todo esto se aprecia por la historia, pero sobre todo por el valor de las interpretaciones. La historia parece estar escrita a medida para un más que fabuloso Javier Bardem. Su intensidad, su precisión, su presencia. Tiene un cuerpo y un rostro capaz de mostrar fragilidad, sensibilidad, incluso intelectualidad y al mismo tiempo en un ínfimo instante, te atemoriza, parece a punto de explotar y acabar contigo. Es perfecto para la representación de todo aquello que se ha perdido, pero expresa todos los matices que hacen que lo dogmático no sea suficiente para su erradicación. Y es que se puede rechazar a Esteban, a sus métodos, se puede sentir incluso asco, pero imposible no caer cautivado bajo su mirada hipnótica, querer ser parte de su deseo y necesitar su reconocimiento.

En frente tiene a la grandísima Victoria Luengo, una de las actrices del momento. Ella tiene esa fragilidad resistente, un rostro de belleza enigmática y carismática, diferente. Con una enorme capacidad de transformarse sin que te des cuenta, transformación que ocurre en una espectacular escena en la que pasamos de verla como vulnerable a generar un perturbador estado interior. Es una escena en primerísimo plano, donde su rostro se trasforma totalmente, mirada perdida, rostro tenso, mandíbula prieta, repite sin parar unos consejos que le brinda su padre de manera cariñosa que pueden mejorar su actuación en la película. Esta escena es su mejor momento, Emilia se muestra como si estuviera delante del espejo, pero rompiendo el espejo, atravesando su narcisismo, no es júbilo lo que le devuelve el espejo, sino imagen invertida, agresividad, violencia, ira. La imagen le devuelve un discurso, rabioso, iracundo, enajenado, perverso. Que difícil expresar las grietas de lo más profundo en un primer plano, sin movimiento tan solo con la mirada y la fuerza de su rostro.
Incluso transforma la voz que expresa la pulsión invocante transformada sin duda en pulsión de muerte. Busca al padre, no lo encuentra en la imagen, lo sigo buscando en el objeto voz. Se muestran las grietas del sujeto y se aprecia la frontera entre lo normal y lo patológica a la que todos estamos expuestos en alguna ocasión. Luengo muestra un enorme talento en esta escena. Pero es una lástima que la actriz no acabe de mostrar del todo esa fuerza interpretativa que posee, tal vez su personaje definido en una ambigüedad desesperante por momento, instalado en una inhibición que no acaba de romper y de la que como espectador esperas alguna cosa más. No ocurre con el personaje de Esteban y es una lástima, Bardem se apodera de toda la película, Luengo no se queda atrás pero su personaje parece limitarla.
Y es que de la película se puede decir sin dudar que tiene grandes interpretaciones, los secundarios sin duda también hacen un gran trabajo, la puesta en escena es bellísima, el director de fotografía hace una propuesta estética de primer nivel, desde el acercamiento con la cámara, ciertos cambios a blanco y negro, la representación un lugar paradisiaco pero desértico, metáfora de la soledad de los personajes. Pero si bien la película es una sucesión de intensas situaciones estas no culminan en una película redonda.
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